El Mundo a traves de Mis Ojos

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Nosostras Hablamos

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Un espacio donde compartimos Historias Anonimas de Violencia Sexual.

Monday, November 2, 2009

De la breve y triste historia de la regla (y un poquito más)

Desde los más antiguos tiempos que te podás imaginar la regla ha tenido ignorantes y temerosos enemigos que complicaron la vida de la mujer que menstruaba.

En los comienzos de nuestra era Plinio el viejo escribía en su Historia Natural que el sólo contacto con una mujer en ese estado: "transformaba el vino en vinagre, marchitaba los cultivos, hacía caer los frutos de los árboles, empañaba el vidrio de los espejos, embotaba la punta de un arma, oxidaba el hierro y el cobre, causaba la muerte de las abejas, ponía rabiosos a los perros que probaban ese líquido, provocaba abortos en las yeguas" y más.

Por siglos se mantuvieron falsas creencias sobre la mujer que sangra. La regla era considerada un producto de desecho, un líquido impuro y peligroso que era necesario eliminar sin testigos. En esos momentos la mujer tenía poderes sobrenaturales y por eso era mantenida aparte sin poder tener ningún tipo de contacto.

La mujer era maldita y esclava en esos días. Hoy nos parecen ridículas algunas creencias antiguas, parecen superados muchos mitos y supersticiones y nos creemos civilizados y comprensivos y muy informados.

Pero aunque la peor parte ya pasó aún no ha pasado todo. Los actuales mitos sobre el período incluyen: que una mujer que menstrúa no puede hacer una mayonesa porque la corta, que la regla purifica y desintoxica el organismo, que no se puede lavar el cabello ni bañarse mientras dura, ni ir a la peluquería, no se pueden comer frutillas ni tener sexo, ni montar a caballo o hacer ciertos deportes. Algunas mujeres actualmente califican su estado como una enfermedad diciendo que "me enfermé tal día" o "estoy enferma" mientras dura.

En estos días las religiones judía e islámica conservan preconceptos sobre la mujer que está menstruando, es decir de casi todas.

Pero sobre todo sigue siendo un tema tabú. Aún hoy son las madres o alguna mujer adulta la encargada de hablarles a las prepúberes sobre lo que les va a pasar, recomendar discreción y festejar silenciosamente la fertilidad de las hijas.

Padres, hermanos, amigos, novios y esposos no deben enterarse ni del comienzo, ni de los días, ni de la forma que cada una usa para cuidarse.

El tema en sociedad sólo se toca cuando se trata de los míticos trastornos psicológicos que supuestamente trae: mayor sensibilidad, irritación, idiotez.

En fin que si sacamos una cuenta rápida teniendo en cuenta que la regla puede durar hasta ocho días, entonces una de cada siete mujeres en este momento está menstruando y bajo esos prejuicios está totalmente inhabilitada y no es idónea para nada y para colmo tiene que pagar todos los meses para inhabilitarse, y que no se entere nadie y todo eso me pone de muy mal humor (y no es que esté con la regla, jejeje).

Pero, hay un santo remedio para combatir el tabú, que más bien no es santo, sino laico, pero sí es remedio.

Para la chica que menstrúa no todo es esperar esos días y tratar de pasarlos lo mejor posible, porque actualmente se puede manejar todo con la ayuda de la ciencia y la tecnología.
La regla se puede atrasar, adelantar, suprimir, provocar, licuar o espesar, suprimir los dolores, hinchazón, disminuir la abundancia, etc., etc.


La mujer se ha adueñado del período así como antes fue maldita y esclava en esos días. ¿Pero es realmente el deseo o la necesidad de dominarla o más bien la pseudoliberación de un hecho natural para cumplir con compromisos sociales, para no parecer sucia o inhabilitada?

Una vez más el comercio tiene mucho que ver. La industria farmacológica y de la higiene femenina ha provisto a las mujeres con miles de artefactos: tampones, toallas femeninas, píldoras, inyecciones, hormonas y ha ganado y sigue ganando mucha plata con todas esas cosas que nos metemos en el cuerpo. ¿Son realmente necesarias? ¿Vale la pena enriquecer a quienes aseguran públicamente liberarnos y en secreto siguen lucrando con el tabú y reforzando el estigma se ser mujer?

Juicio sumario: culpables por comerciar con nuestro cuerpo. Culpables por no advertirnos de los efectos colaterales y secundarios. Culpables por provocarnos enfermedades. Y culpables nosotras por escucharlos.

Aún así, dice el dicho, si no querés que te pisen, entonces no te disfracés de alfombra.

por María García, Argentina

1 comment:

Cristian Mejia said...

Solidario con tu causa de genero, tengo tre mujeres en la casa asi que comprendo bien. Buen tema Luna.